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LA INDIGNACIÓN DE JUAN

sábado, 22 de abril de 2017

LA 1ª COMUNIÓN DE JUAN...CAPITULO II. El burofax.



Hoy vuelve a repetirse la misma historia...Esta mañana la madre de Juan no ha dejado que nos veamos este fin de semana a pesar que debería estar bajo mi tutela. Cuánto daño está causando esta mujer con su empeño de seguir viviendo en una telenovela y creandose una guerra contra mí en su cabeza. Algún día será Juan quien le explique todo el daño que está haciendo. Os dejo el burofax que he escrito de mi puño y letra.


22 de abril de 2017


Buenos días "Madre de Juan":

Esta mañana a las 10:30 me he presentado en tu domicilio para recoger a Juan y cumpliendo con el régimen de visitas.

No me has abierto la puerta, no has contestado al portero automático, no has contestado las llamadas de teléfono que te he hecho, no has contestado los mensajes de whatsapp que te he enviado. He llamado a Juan a su teléfono y le he enviado un mensaje de whatsapp pero tampoco ha contestado. Debo pensar que como viene siendo habitual ignoras cualquier tipo de comunicación conmigo y la única vía de comunicación que tengo es vía burofax que tampoco está dando resultados.

He pasado toda la mañana del sábado 22 de abril intentando localizarte y como no he podido incluso he realizado una llamado a la policía nacional alertando de esta situación, porque no sé dónde está mi hijo el día que debe estar bajo mi tutela. Debido a todos estos obstáculos que me has puesto hoy (y que me llevas poniendo durante todos estos años) se ha hecho tarde y la oficina de correos ha cerrado, por eso es mi abogado quien está interponiendo este burofax en mi nombre ante la imposibilidad de realizarlo yo mismo.

Con este burofax simplente quiero dejar constancia de:

1. Que estoy cumpliendo igual que siempre, el régimen de visitas establecido.

2. De que estás obstaculizando mi convivencia con Juan.

3. De que estás incumpliendo tú el convenio regulador y manipulando el régimen de visitas con la mala intención de seguir impidiendo que Juan celebre su comunión y su cumpleaños conmigo y mi familia (que si has tenido tiempo de contar las fechas sería el primer año en los 5 años que llevamos divorciados que lo pasaría conmigo y que a todas luces estás causando un daño irreparable en el crecimiento y educación de Juan)

4. De que me estas causando un daño emocional como padre irreparable que llevo arrastrando 5 años con todas estas malas intenciones. (Además de los daños económicos que me estás causando).

Llevas 5 años provocando una situación insostenible y mi abogado, consciente de todo, estudiará la manera y el momento de ponerle la solución menos dolorosa para Juan, porque ya bastante daño le estás causando tú. Aún no dejo de esperar que, como madre que eres, empieces a utilizar el sentido común y a centrarte más en la educación de NUESTRO hijo y en sus problemas en lugar de buscar la manera de causarme daño a mí, porque con todo esto lo que estás haciendo es causarle daño a Juan.

Recordarte que volveré a recoger a Juan el próximo fin de semana 29-30 de abril ya que hoy no me lo has entregado y que siguiendo el calendario el siguiente fin de semana 6-7 de mayo vuelve a corresponderle a Juan pasar el fin de semana conmigo. Espero no me vuelvas a poner el mismo problema que hoy los dos próximos fines de semana.

lunes, 10 de abril de 2017

LA 1ª COMUNIÓN DE JUAN...CAPÍTULO I

“La vida sigue siendo como una canción de Robert Johnson. Letras alimentan el misterio, desesperacion religiosa y demonios interiores”.

30 de abril de 2017...Una de las batallas que las personas divorciadas tenemos que abordar es el momento en el que un hijo se prepara para su primer evento importante. En el caso de Juan es su 1ª Comunión.

¿Es una buena decisión que tu hijo tome la 1ª Comunión? No entro a valorar estas cuestiones y por favor, que nadie haga juicios de valor sobre este asunto, porque el objetivo no es debatir sobre la conveniencia o no de estos actos.
En principio todo lo que sea educar a un niño bajo la bondad, el respeto, la honestidad, la igualdad y en definitiva en valores para convivir en armonía en sociedad, sean cuales sean las bases de esta educación, esto es bueno. La paradoja surge cuando precisamente las personas como la madre de Juan intentan inculcar en sus hijos estos valores de una manera un poco complicada ya que precisamente ella no practica con el ejemplo ni si quiera con el propio padre de su hijo.

La madre de Juan ha decidido por ella misma la conveniencia de que Juan tome la 1ª Comunión, es decir sin permitirme opinar ni decidir en absolutamente nada. La madre de Juan decidió incluso que sería la catequista de Juan (y del resto de niños claro), tomó todo tipo de decisiones (junto con el resto de padres de grupo de catequesis claro, excepto con el padre de su hijo) e incluso decidió el día que se realizará el evento (por su puesto sin contar absolutamente con la opinión del padre de Juan). 

Fuente: http://www.cuatro.com
Durante los dos años de preparación de Juan para ese día solamente empecé a tener noticias de esta situación cuando uno de los sábados que recogí a Juan en el domicilio de su madre ella misma me indicó (o más bien me ordenó) que teníamos (ella y yo) que reunirnos para buscar un restaurante y realizar una reserva para un día ya prefijado para un número de personas ya determinado (toda su familia concretamente) para celebrar la 1ª Comunión de Juan. Además me pone en conocimiento de que ya le ha comprado el traje que llevará ese día. 
Todavía me acuerdo de la cara que puse cuando escuché todo eso con la mayor naturalidad posible por parte de la madre de Juan. Todo esto a seis meses vista de la supuesta celebración. Ojalá me informara con la misma premura cuando Juan se pone enfermo...o cuando Juan no va al cole….o cuando a Juan le castigan en el cole...cuando está triste...cuando pregunta por mí y quiere hablar conmigo... En fin una serie de detalles que a mi me gustaría saber. En ese momento no pude ni contestar. Es la primera vez en 5 años que ella nos permite a Juan y a mi celebrar algo en común. Nunca, nunca, nunca hasta ahora había sucedido nada igual, ni siquiera en el cumpleaños de Juan. Mi primer pensamiento fue que ella sólo quiere presumir ese día al igual que el resto de madres y que para eso necesita cierto apoyo económico, de lo contrario no encuentro ninguna explicación.

¿Cómo puede llegar a pensar, que después de las mentiras que ha dicho sobre mi delante de un juez y en un lugar público voy a compartir mesa y gastos extra con ella y su familia? Hace tiempo dije basta y dejé de estar sometido a sus caprichos, porque ya no tengo miedo, ya me he dado cuenta de que lo peor que hice en su momento fue ceder a sus chantajes y caprichos por miedo de hacerle daño a Juan. Ahora tengo claro (Juan me lo deja claro) que sólo le hago daño cuando cedo, cuando no intervengo, cuando miro hacia otro lado y eso se acabó y gracias a una persona que me ha abierto los ojos, que me ha devuelto “las gafas de ver la vida” que me ha quitado el miedo de hacer las cosas que debo hacer, las cosas que un padre tiene la obligación de hacer, le guste a la madre de Juan o no.

Después de recuperarme de la noticia, Juan y yo hablamos mucho sobre este tema y de mutuo acuerdo hemos decidido no celebrar su 1ª Comunión en común con la familia de su madre, ya que casualmente y para no variar, la madre de Juan eligió la fecha de su Comunión para hacerla coincidir con el cumpleaños de Juan. Este año es la primera vez en cinco años que coincide que Juan pasa el fin de semana de su cumpleaños conmigo, por eso es una fecha doblemente especial. Lo que más me sorprendió de este acuerdo entre mi hijo y yo fue su razonamiento: “Papá creo que lo mejor es no celebrar mi 1ª Comunión con mis abuelos, así les evitamos un disgusto”….Ya que son precisamente ellos los que le alienan contra mí diciéndole que soy malo para él.

Una vez que Juan me dio su consentimiento le comuniqué a la madre de Juan la decisión, bajo la total supervisión de mi abogado, ya que es la única manera de llegar a un entendimiento con ella. Hace algunos meses que ella misma decidió que nos comunicáramos vía burofax, sin embargo al recibir mi último burofax ha montado en cólera, intentando todo tipo de estrategias para que yo cambiara de parecer.

Lo más duro fue la noche en la que Juan me llamó por teléfono a altas horas  para decirme...”Papá, te llamo porque quiero decirte que te he mentido. Sí quiero que celebremos mi 1ª Comunión todos juntos. Lo siento papá, estoy muy arrepentido y espero que me perdones”...Estas palabras fueron durísimas pero no porque Juan pareciera que cambiaba de opinión, sino porque eran palabras totalmente manipuladas por su madre. 
Desde entonces he recibido varias llamadas de su madre diciéndome que Juan no para de mentir, que nos miente a los dos. Y yo pienso que es cierto, no para de mentir, no deja de sentirse mal continuamente por ello y por todo. Miente desde el mismo día que le dijo al juez que lleva nuestro caso de custodia compartida que prefiere quedarse como está, viviendo con su madre y viéndome a mi 4 días al mes porque yo no le llevo a la playa y su madre sí... ¿Es esa una respuesta sincera? ¿Es esa una respuesta sin manipulación? Cada vez que está conmigo y llega la hora de volver con su madre es siempre la misma escena de pena, tristeza y lágrimas. ¿Cree su madre que no sé cuando mi hijo miente o más bien le obligan a mentir? ¿Cree que no veo lo que Juan está sufriendo? Parece ser que ella y su psicóloga no lo ven, porque son incapaces de ayudar a Juan. ¿Hasta dónde va a llegar la hipocresía de esta persona y de todo su entorno? ¿Acabará todo esto en algún momento?

No tengo repuesta para ninguna de estas preguntas. De momento seguiré esperando y buscando un plan B, ya que el espectáculo de la 1ª Comunión de Juan no ha hecho más que empezar.

Continuará...

viernes, 7 de abril de 2017

REFLEXIONES TRAS EL JUICIO...LA ESPERA

17 de marzo de 2017...Un mes ha pasado ya desde el día del juicio y continuamos sin noticias de la sentencia. La espera es larga pero más larga se hace aún por la incertidumbre de saber la respuesta.
 
No sé si será a favor o en contra de que Juan y yo pasemos más tiempo juntos, pero de lo que sí estoy totalmente seguro es de que pase lo que pase, la historia no termina aquí. Si la sentencia es desfavorable para nosotros y no podemos estar más tiempo juntos, seguiré intentándolo porque a Juan no le sirve que su padre se conforme con las migajas que nos dan, Juan se merece que su padre luche por él y que no se rinda por mucho que a su madre le gustara que lo hiciera. No tengo miedo… ya no tenemos miedo...Juan lo tiene claro y yo también.

Si la sentencia es favorable, entendiendo como favorable una custodia compartida, estoy seguro de que la madre de Juan no aceptará el resultado e intentará una vez más apartarme de él sin atender las necesidades de su hijo, como hasta ahora ha hecho siempre. En todo el proceso siempre ha habido una particularidad de sus palabras que me parece irritante, y es que parece que Juan sólo es hijo de ella, parece que ella es la única que sabe cuidar de Juan, parece que Juan ha venido a este mundo por la gracia divina de su madre…

Pero volvamos a mis reflexiones. En mi caso no lucho sólo por pasar más tiempo con Juan, lucho por darle lo que por derecho es suyo, un padre y una madre, una familia paterna y una familia materna, como todos los niños deberían tener. Lucho por darle un bienestar, un futuro, una felicidad. Somos los padres los que nos divorciamos no los hijos los que se divorcian de los padres. Y en mi caso concreto, cada día que pasa me alegro de haberme separado de la persona que más daño me está causando en esta vida. No creo que pueda conocer en mi futuro a alguien que pueda igualar el daño y el dolor que la madre de Juan me está y nos está causando.

La ley debería ser clara en estos términos, “un niño nunca debería ser apartado de sus familias independientemente de que sus padres se divorcien o no” y digo familias porque una persona no tiene una única familia. Está su familia materna, su familia paterna y la familia que una persona forma cuando se hace adulto, con la persona que decida y de la manera que decida.

Hasta el momento y hasta que la sentencia salga, sólo he visto tratos de favor hacia esta madre y no quiero generalizar ni entrar en luchas de género, tanto por parte de la justicia, como por parte de instituciones educativas y psicólogos. ¡Sería tan sencillo simplemente pensar en un niño y en la multitud de alternativas que se le pueden brindar! ¿Por qué ponerle barreras? ¿Por qué quitarle lo que es suyo? ¿Por qué inducirle en lo que debe ser...en lo que es bueno...en lo que es malo...sin dejarle reflexionar ni opinar? La justicia debería ser justa en estos términos.

Si yo hubiera sido abogado, le hubiera preguntado a la madre de Juan lo siguiente: ¿Por qué decidió usted casarse con Carlos? ¿En qué basó la capacidad de Carlos para ser el padre de su hijo y por qué de repente ahora decide que no es ni la persona idónea ni el padre perfecto? ¿quién la obligó a usted a tomar semejantes decisiones para el resto de su vida? A uno nadie le hace un test antes de ser padre para identificar sus capacidades (lo cual debería ser obligatorio porque a la vista está que hay padres que no dan la talla, pero hay madres que tampoco) sin embargo los equipos psicosociales sí se atreven a decidir a posteriori que un hombre no es un buen padre ni lo será jamás. Y en todo esto, las asociaciones por la protección de los derechos de los menores ni se pronuncian en estos casos

Lo único que puedo decir después de un mes esperando la sentencia y de casi dos años de proceso es que no me canso...tengo mucha paciencia y seguiré al pie del cañón sobretodo porque lo que sí sé es el dictamen de la fiscalía. Aún teniendo todo en contra ve conveniente que Juan pase un día entre semana conmigo desde las 14:00h hasta las 20:00h y que las vacaciones de verano se repartan en igualdad de condiciones, es decir la mitad con su madre y la mitad con su padre.

Esto es una victoria dentro de esta gran guerra!!!

sábado, 18 de febrero de 2017

OPERACIÓN CROSSROADS


17 de febrero de 2017… 20 meses después de iniciar esta “encrucijada” se efectúa la última prueba nuclear “Baker”, pero esta vez el atolón Bikini se encuentra en el Juzgado Nº 2 de Primera Instancia de Ávila. 
Prueba nuclear Baker, segundo bombardeo en el atolón Bikini. 25 de julio 1946

Sólo dos objetivos:
Darle a Juan su derecho de convivir con su padre, de encontrar una infancia feliz y de convertirse en un adulto estable.

Y desmontar todas las falacias que sobre un padre valiente y capaz han arrojado un equipo psicosocial partidista e incompetente a todas luces (como ha quedado demostrado) basado en suposiciones y falsos testimonios y un entorno materno tóxico, desestructurado y sin fundamentos éticos ni morales para educar a un niño bajo la tolerancia, amor y respeto a los demás, si partimos de la base que ya está siendo educado y manipulado para odiar y rechazar a su propio padre (todo lo contrario de lo que debe ser una familia cristiana, si seguimos los “10 mandamientos de la Santa Madre Iglesia”, amor que osan a profesar públicamente exigiendo licencias como si de autoridades eclesiásticas se tratase. Luego, de puertas para adentro lapidan cada uno de esos 10 mandamientos y antes de salir de casa no se olvidad de “echar esa manita de yeso en la pared” para tapar las imperfecciones de cara a las vecinas del barrio).

Empieza el día, como otro cualquiera. Un café mientras escucho en las noticias “hoy se dicta sentencia a Iñaki Urdangarín y la Infanta Doña Cristina por sus trapicheos de estafa”. Coincidencia...¿Seremos todos iguales ante la justicia? Cambio la ropa de trabajo por americana azul y camisa gris. Sinceramente, nunca me he visto elegante así vestido pero “así te vean así te tratan” hipocresías sociales que en mi caso de nada sirven, ya que haga lo que haga, me vista como me vista, las experimentadas psicólogas del juzgado siempre dirán que un padre “distorsiona su realidad”.

Salgo de casa y decido acercarme a pie al juzgado dando un paseo. Mi pareja me acompaña y como hay tiempo entramos en una cafetería, pero casi no hablamos del tema. Ya hemos pasado largas horas de conversación imaginando posibles escenarios y qué hacer, cómo actuar en cada uno de ellos. Simplemente tomamos un café cortado y disfrutamos de un momento de sol tras los ventanales de la cafetería. No necesito controlar los nervios, no los tengo. Ha sido un proceso largo, mi abogado ha hecho un gran trabajo, me siento respaldado por mi familia y no tengo nada por lo que avergonzarme, la verdad siempre ha ido por delante en mi vida. Además durante todo este tiempo he aprendido a aceptar que el “sistema” funciona así, que no está en mi mano cambiarlo y que sobretodo, nada tiene que ver lo que un puñado de personas mezquinas hayan podido decir sobre mi, la realidad es otra, la verdad es la que es. Hoy todo cambiará en el día a día, hoy se cierra un ciclo. No me estoy conformando, pero la aceptación y la adaptación al medio, me aseguran la supervivencia en él.

En la puerta espera puntual mi cuñada que no ha querido dejarme sólo en estos momentos. Me sienta bien verla allí con una actitud positiva, optimista y tranquila. Allí nos espera mi abogado quien nos recibe cordialmente. Controla bien la situación y nos explica que la batería de preguntas para desmantelar el bochornosos informe psicosocial está preparada. Debatimos antes de entrar en la sala de forma distendida y amigable incluso con alguna que otra broma. Me gusta esa sensación de calma, de confianza, de complicidad. En ese momento entra la otra parte, la madre de mi hijo acompañada por su abogado y rodeada de algún familiar y amigos en plan intimidatorio. Se colocan a muy corta distancia de nosotros e incluso pretenden mostrar un interés absurdo por mis dos sobrinas. Seguimos con la hipocresía. Pero mi estado de calma es tal que apenas noto su presencia, sus ojos clavados en mi espalda, como siempre y deseando sacarme de mis casillas, deseando que pierda el control de mis actos para poder evidenciar una acusación de malos tratos que nunca han pasado.

Llega la hora, nos llaman para ocupar nuestros puestos dentro de la sala y comienza el espectáculo vergonzoso de la psicóloga y la trabajadora social que integran el equipo psicosocial. Personas supuestamente experimentadas en este tipo de actos y que pierden la compostura y se atemorizan en la primera pregunta que les hace mi abogado, con total normalidad y cordialidad, y con las que solamente se pretende sacar un poco de luz a un informe que han realizado lleno de contradicciones, mentiras, falsos testimonios y conjeturas que no indica con rotundidad si es beneficioso o perjudicial para Juan una modificación de las medidas totalmente absurdas a las que ambos nos encontramos sometidos. Un informe que solo se limita a afirmar que el padre interpreta un papel exagerado de buena persona y que distorsiona su realidad apareciendo bien vestido y educado, mientras que el falso testimonio de la madre sobre supuestos malos tratos sufridos durante un matrimonio roto hace 5 años es totalmente veraz, sin basarse en ninguna prueba más que en el relato de una mujer (que atemoriza a su hijo y que odia y acosa a su ex-marido como he indicado en anteriores entradas).

Esta es la vergüenza de sistema en el que vivimos. Un sistema que nunca podrá ser igual para todos, sin distinción entre hombres ni mujeres. En un momento de la historia de este país el hombre sometía a la mujer y la justicia le apoyaba. Hoy es la mujer la que somete al hombre utilizando malas artes y argucias y que no duda ni un momento en levantar falsos testimonios aún sabiendo que el hombre, que una persona, que un ciudadano puede pasar sus días entre rejas por una mentira, por un capricho. Que utiliza su condición de mujer supuestamente maltratada para aprovecharse de los programas sociales para mujeres que verdaderamente sufren esta lacra social y están en verdadero peligro, para pisotear la dignidad de un hombre. ¿No es esto un insulto para todas las mujeres que luchan por sus propios medios, éticos y dignos para abrirse camino en la vida sin el amparo de un hombre? ¿Es legítimo que se crea antes una “lágrima de cocodrilo” de una mujer que el llanto desconsolado de un niño por pasar más tiempo con su padre? ¿Es legítimo que ni si quiera se ponga en duda la estabilidad y el bienestar de un menor por el hecho de que una madre siempre va a ser buena y un padre siempre va a ser malo? ¿Es legítimo que no se ponga en duda el estilo educativo de una madre, siempre positivo, y que constantemente se afirme que el padre es un mal educador?

Hoy termina la Operación Crossroads, tocado pero no hundido, igual que el acorazado Nagato y comienza la Guerra Fría, que no conseguirá separarnos a Juan y a mí, damos un paso hacia adelante en una nueva etapa.

sábado, 11 de febrero de 2017

DE LA HIPOCRESÍA A LA REALIDAD

En anteriores entradas he contado que aún me encuentro en pleno proceso de lucha por la custodia compartida de mi hijo. Este proceso, aunque duro por las controversias que están apareciendo sobre la capacidad o validez de un hombre para educar a un niño, estoy aprendiendo que lo más difícil de todo es hacer frente a la hipocresía de aquellos que se esfuerzan en poner en tela de juicio mis capacidades. 

Hoy quiero contar una anécdota sucedida después de las fiestas navideñas, en las que todo han sido buenas palabras, buenos deseos e incluso con una tarjeta navideña, no solo escrita de puño y letra por mi hijo, con las evidentes correcciones de un adulto (como pudiera ser su propia madre) sino firmada incluso por ella misma, deseándome todo lo mejor para el año nuevo. ¡Cuánta candidez! Sí, la misma persona que utiliza el juego sucio para manchar mi nombre y el de mi familia y que levanta falsos testimonios ante las autoridades judiciales sin ningún tipo de pudor y sin pensar en el daño gratuito que está haciendo tanto a mí como a mi entorno más próximo, utiliza la mano de mi propio hijo para seguir sembrando el dolor entre nosotros. Pasamos entonces a la cruda realidad, la hipocresía. 
Realizada por: "Crossroads: Las Huellas de un Padre". Diciembre 2016.

Llega el primer fin de semana del año después de las vacaciones. Todo comienza de forma genial. La emoción de ir a buscar a mi hijo, que hace dos semanas que no veo y en las que para no variar las costumbres, no me han dejado hablar con él. Ese momento en el que al encontrarnos, él sale corriendo desde la puerta del portal con entusiasmo y ganas de ver a su padre dejando atrás a su madre, quien no para de protestar, como siempre, por las prisas de Juan en reencontrarse conmigo. Hay costumbres que no cambian por más que mil años que pasen. 

Las primeras horas son muy divertidas para mí porque no para de hablar como un loco saltando de un tema a otro tema sin aparente conexión entre los millones de recuerdos que corren por su cabeza. Es como si sintiera la necesidad de contarme en minutos todo lo que le ha pasado en las dos semanas que no nos hemos visto. Yo sonrío y trato de ordenar sus palabras haciéndome una idea general de todas sus vivencias. Por suerte va creciendo y ya se expresa como un “chico mayor”. Antes de montar en el coche, ya me ha contado todo lo que le ha pasado en el cole y lo que le han traído los Reyes. “En tu habitación también han dejado unos paquetes envueltos, creo que son para ti”, le explico a Juan. 

Mientras él me sigue poniendo al día, reviso el millón de deberes del cole con mucho cuidado, como siempre, y preocupado por no olvidarnos de hacer ninguna tarea ya que, como es habitual, no trae la agenda del cole entre la pila de libros y cuadernos. 

Su madre tiene una extraña costumbre o interés de no dejar la agenda dentro de la mochila de Juan. Cuando yo pregunto por esta agenda (herramienta del colegio para contactar con sus profesores y estar al día de sus tareas) Juan dice que sí está dentro y ella culpa al niño por no ser responsable de sus cosas. Yo le explico ante los ojos de mi hijo que soy una persona adulta suficientemente capaz de entender las tareas escolares de un niño y que no necesito que su madre haga resúmenes sobre la agenda, sino que lo que necesito es la agenda en sí para poder comunicarme con sus tutores. Todavía no entiendo por qué su interés en mantenerme al margen de su educación escolar. A esto de ocultar información, de no ser transparente en el día a día de los quehaceres de mi hijo ¿cómo se le llama? ¿Cómo se define a una persona así? 

Después de tranquilizarnos todos seguimos con el día de buen rollo. Nos vamos a desayunar como todos los sábados y después a casa, a ver qué nos han dejado los Reyes. A Juan le han encantado los regalos. La verdad es que siempre le gusta todo lo que hacemos juntos y como es un día frío, decidimos acercarnos al rocódromo nuevo cercano a nuestra casa. A Juan le encanta ese sitio y a mi no deja de sorprenderme lo valiente y autónomo que empieza a ser. Es algo que me preocupa desde siempre porque le cuesta demasiado hacer cosas por sí mismo y tomar pequeñas decisiones, normales para un niño de 9 años. El hecho es que su madre, la persona con la que más tiempo pasa, le controla y le supervisa excesivamente sin dejarle apenas intimidad (ni si quiera le permite hablar a solas conmigo en las contadas ocasiones que me deja llamarle por teléfono, supervisando nuestra conversación e incluso corrigiéndole sus palabras a pesar de que sabe que yo estoy al otro lado del teléfono escuchando atónito todo lo que pasa en ese momento). Ambos sabemos que va a ser un fin de semana duro de estudio y de tareas por eso disfrutamos al máximo nuestra primera mañana juntos.

Por la tarde comenzamos con las tareas del cole y al ver la cantidad de deberes que tiene, le pregunto si el viernes por la tarde también hizo tareas. Me cuenta que desde que salió del colegio estuvo jugando toda la tarde y que se acostó muy tarde porque estuvo, como él dice pícaramente, cenando de “cañas por los bares”.

El domingo transcurre con normalidad, estudio por la mañana y un ratito de “play” para no agobiarnos, pero por la tarde empezamos a preocuparnos repasando el examen de lengua que tenemos el lunes. ¡Los adjetivos son algo bastante chungo de entender! Y de repente preguntándole la lección, se queda en silencio pensando la respuesta o eso creía yo, y pasa de la risa al llanto. ¿Qué te pasa, Juan? ¿Qué ocurre? Le pregunto. Pensaba que te estabas enfadando porque tardo en responder. Me dice Juan. 

Me dolió esa respuesta como una puñalada en el pecho. Juan sigue creyendo que yo me enfado con él sin motivos, que tengo mal carácter, que no soy bueno para él… Otra vez más tanto su madre como sus abuelos y tíos han vuelto a la carga desprestigiándome como persona, como hombre, como padre...Lavándole el cerebro diciéndole cosas horribles sobre mí, que su padre le avandonará, que su padre no le cuidará y dejará que se lo lleven de casa, que su padre no le ayudará….Que su padre, no le quiere. 

Eso, es lo que mi hijo ha estado aprendiendo en su entorno materno desde que tenía 4 años. Un entorno que se supone cristiano, personas que certifican que son buenos por la “gracia de Dios” y que lo único que sus actos certifican es lo hipócritas que son y que son capaces de hacer y de decir cualquier barbaridad con tal de apartar a Juan de mi lado. ¿Es esto preocuparse por el bienestar de su hijo, de su nieto, de su sobrino? ¿Es de buenos cristianos mentir para ensuciar el amor de un hijo a su padre? ¿Es el padre el que está dañando a su propio hijo? Esto es la hipocresía a la que nos enfrentamos a diario millones de padres. Esto es la cruda realidad y lo más duro, no podemos hacer nada para que nuestros hijos crezcan en un entorno sano y limpio psicológicamente hablando. 

Finalmente, conseguimos calmarnos y todo vuelve a su normalidad, hasta que llega la hora de volver a su casa materna repitiéndose la misma imagen y la misma situación que en las vacaciones navideñas al separase de mi y de sus primas. Con las mismas palabras y los mismos ojos llenos de lágrimas me dice "papá no quiero irme , quiero quedarme más contigo".

miércoles, 11 de enero de 2017

CORAZONES ROTOS POR NAVIDAD


No es un amor perdido… No es una historia de desamor entre un hombre y una mujer… Es el blues de dos corazones rotos. El amor del hijo y el amor del padre, dos corazones que se separan entre lágrimas y tragos de saliva amarga.
Yummy Broken Heart de TNTS3000 en Flikr

Enero de 2017. Acabamos de empezar un año más y dejado atrás unas navidades entre familia, amigos, risas, felicitaciones y buenos deseos para el año nuevo. Muchos de vosotros, igual que yo, habéis podido disfrutar de la compañía de vuestros hijos. Aprovechando cada minuto a su lado. Tomando fotografías de cada momento, capturando esas caras de emoción y confusión al ver los regalos navideños que Papá Noel o los Reyes Magos han dejado. Guardando cada recuerdo de estos días como si fuera el tesoro más valioso del mundo. Porque al final, es eso lo que nos queda a los padres que no podemos disfrutar de nuestros hijos cada día, un puñado de sus recuerdos que repetimos en nuestra cabeza una y otra vez hasta que volvemos a encontrarnos con ellos quince días después.

Juan y yo hemos pasado unos días maravillosos. Hemos disfrutado el uno del otro de una forma increíble. Puedo decir sin miedo a equivocarme, que Juan ha tenido unas navidades inolvidables, tal y como su madre me exigía en uno de los mensajes que recibí de ella en los últimos días del año. Estoy contento, porque a pesar de las dificultades a las que ambos nos enfrentamos cada fin de semana que pasa conmigo y a sus miedos infundados (de este tema hablaremos largo y tendido más adelante) cada vez duran menos tiempo y nos permiten disfrutar más tranquilamente de nuestros momentos. Durante estas navidades, ha podido hacer una de las cosas que más le gusta: pasar tiempo con sus dos primas, mayores que él y que le ayudan a pasar ciertos malos tragos, a evadirse de su rutina y a alborotarnos a todos con sus risas y gritos, olvidándose de las dificultades a las que se enfrenta cada día. Lamentablemente esas dificultades y miedos están ahí, se quedan dentro de su corazón y salen todas de golpe cuando llega la hora de volver a casa, con su madre.

Era el día de Nochevieja, cuando Juan debía volver a casa con su madre. Es la primera vez que pasa la Nochebuena y la Navidad conmigo así que todo había sido muy especial. Nos levantamos por la mañana con cierta inquietud por parte de ambos pero con ganas porque habíamos quedado para desayunar con su tía y con sus dos primas para que los niños pudieran despedirse hasta la próxima visita de Juan y pasar las últimas horas juntos. Además, el día era estupendo, solecito de invierno brillando, buen rollo en la calle… Después de desayunar empezamos a jugar entre empujones y tropezones. Todos reíamos. Sin embargo, algo pasó por la cabeza de Juan. Fue como ese milisegundo en el que se te queda la mente en blanco y lo cambia todo. Y paró el juego mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. -¿Qué te pasa, hijo?- Le pregunto. Se abraza a mi cintura con fuerza y me pregunta: ¿Me tengo que ir ya? Fue el momento más dramático de todos estos días. Sus primas y su tía nos miraron sin saber qué decir ni qué hacer. -Sí hijo, hoy tienes que volver con tu madre.-Y me vuelve a preguntar: ¿Por qué tengo que irme?, no quiero marcharme. Quiero quedarme contigo papá. Y mientras está diciendo estas palabras aprieta más fuerte mi brazo.

¡Qué dolor tan grande para un padre escuchar estas palabras de su propio hijo! Se me encogió el estómago y los nervios se apoderaron de mí. Yo, un adulto, las emociones volaron dentro de mí. Él, un niño pequeño, no me puedo imaginar lo que sintió en ese momento. Pero lo peor, no puedes hacer nada como adulto para calmar ese dolor en tu propio hijo. Aquí no sirve “el sana, sana, culito de rana”, aquí no sirven las “tiritas de colores de Bob Esponja”, ni las pegatinas de “Super Nany” por buen comportamiento. Aquí no sirve nada. NADA. 

Entonces, lo único que se te ocurre es armarte de valor y aguantar el tirón ante las miradas perplejas de su tía y de sus primas, tragar saliva y mantener el “tipo” como puedes. Pensar que no tiene porque estar mal que su madre, que seguro que está bien allí (aunque yo no lo sepa hasta dentro de quince días) y que continuará con unas “felices vacaciones”. 

Sus primas, mis cómplices sin saberlo en ese momento, me ayudan a que Juan se calme y deje de llorar, para que su madre no se de cuenta de que ha llorado por querer quedarse, para que su madre no sepa que no quiere volver a su casa (no tan pronto) y de que quiere quedarse otros “cinco minutos más” conmigo, para que su vuelta a casa no se vea amargada por un llanto totalmente sincero e inocente de alguien demasiado pequeño para entender porque la vida es injusta cuando te portas bien.

domingo, 1 de enero de 2017

EL ENGAÑO Y YO



Early this morning
When you knocked upon my door
Early this morning, uuuuhhhhh
When you knocked upon my door
And I said hello Satan
I believe it's time to go
… ...

                                                                Fragmento de “Me and the devil blues”. Robert Johnson.

Era una mañana temprano cuando el diablo llamó a mi puerta... Y le dije “hola Satán creo que es momento de irse”. Igual que en el blues “Me and the devil blues” comenzaron años de engaños muy dolorosos para mí, no sólo por el sufrimiento causado por las palabras de gente “amiga” sino por el golpe del desengaño.

Tras un divorcio aparecen actitudes ilógicas de personas próximas a nuestro entorno que nos llevan a engaño. Actitudes que poco a poco empiezan a encajar como piezas de un puzzle.

Una mañana temprano “Satán”, llamó a mi puerta reencarnado en un familiar muy próximo mi expareja. Abrí la puerta a ese  “Satán” y caí en el engaño de sus palabras, comenzando así una relación que, habiéndola considerado incluso fraternal, poco a poco fui descubriendo. Sin pedirle nada me ofreció su consuelo en momentos muy difíciles para mí, no por la separación de mi expareja sino porque me arrebataron lo que yo más quiero, mi hijo. Me hizo creer que el entorno de mi expareja estaba lleno de ira y de equivocaciones. Me hizo sentir que por mucho tiempo fui marioneta en manos de las personas equivocadas, que mi hijo es rebelde porque no tiene un guía en su educación (y ciertamente así debe ser). "Satán" fue considerado por mí y por mis familiares cercanos como parte de nuestra familia, siempre unida ante cualquier dificultad. Unos padres que se quieren, unos hermanos que se apoyan, dos nietas y un nieto que son uña y carne. Yo no necesitaba el amparo de “Satán”. Tengo mi propia muralla, mi propia familia, sin embargo quizás esas eran palabras que necesitaba escuchar de alguien que conocía perféctamente el desarrollo de la situación de puertas para adentro. Alguien quien voluntariamente me daba información sobre situaciones de las que o no me informaban o era el último en enterarme (uno de los motivos del divorcio, la falta de confianza y las mentiras).
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Cinco años de problemas con mi expareja y de impedimentos para saber ¿cómo está creciendo mi hijo?, ¿cómo es su vida?, ¿está bien? ¿llora? ¿echa de menos a su padre? ¿sufre por lo que está pasando?. Durante este tiempo “Satán” no sólo me daba información sesgada de la evolución de mi hijo sino que aseguraba “mi hermana está equivocada”, “tu hijo te necesita a su lado”, mientras tanto no te preocupes tú continua con la reparación de mi casa, de mi coche o ¡¡de mi vida!!! (Mientras la tuya se desmorona un poquito más cada día sin tu hijo) Sus palabras parecían sinceras ¿cómo alguien tan próximo a su entorno va a decirme tales confesiones si no son verdad? Y así, continuamos celebrando cumpleaños y fechas especiales como si la relación con mi expareja nunca se hubiera roto.

Cuando estás en una situación delicada en la que lo último que quieres es causar más daño no sabes qué hacer ni cómo actuar. He pasado noches en vela pensando que mi hijo vive angustiado, que no está recibiendo una educación adecuada, que no habita en un entorno agradable para un niño de su edad, que me echa de menos, que le cuentan mentiras de su padre, que no le dejan llamarme por teléfono y que incluso se vuelve violento… A este puzzle le faltaban piezas porque mi hijo cuando está conmigo es encantador, obediente, alegre, responsable pero sí, un niño lleno de miedos que el entorno de su madre no hace más que acrecentar. Todo esto además ha sido magnificado por las confesiones de “Satán”.
 
Aún no sé la sentencia final del juez ante mi petición de custodia compartida (ya he contado que se ha alargado mucho en el tiempo, más de un año y medio) aunque no me voy a sorprender cuando la escuche. Sin embargo algo positivo de todo este tormento: He desenmascarado este engaño de tantos años gracias a las declaraciones de "Satán" al equipo psicosocial que lleva nuestro caso de custodia compartida. Declaraciones que nada tienen que ver con los cinco años de mentiras que he escuchado de sus bocas, sin pedirlas, sin buscarlas. Llamaron a mi puerta una mañana temprano. ¿Por qué no abrir? Él no me había hecho nada para que yo desconfiara y goza de buena posición social y laboral por lo que no necesita mentir ni meterse donde no le llaman. Sin embargo, a pesar de ese buen nombre del que goza se ha aprovechado de él comportándose como persona mezquina mintiendo sobre mí y describiéndome como una persona que no soy. Describiendo situaciones que no se han dado jamás y siendo totalmente parcial ante un equipo psicosocial que no es capaz de detectar cuando una persona miente e inventa historias, cuando una persona es violenta y cuando no. Este equipo psicosocial no supo o no quiso detectar que la persona juzgada era la inocente y que el testigo se describía así mismo y no a mí. Él, esa persona de buen nombre, de buena posición, se describió así mismo con total vehemencia, él es el explosivo, violento, problemático, el que ya ha sabido lo que es entrar culpable en un juzgado. Por suerte, yo no lo sabré nunca, siempre podré llevar la cabeza alta sabiendo que siempre he hecho lo correcto al pelear por mi hijo y su felicidad.

Lo que más duele de todo esto, es ver como tu hijo crece en un entorno materno lleno de mentiras y falsos testimonios cuando lo que tenía es que estar rodeado de tranquilidad, amor y cariño por todos nosotros.